30 de marzo, 2017

Éste es el lema del alma de la firma, Inmaculada García. Lo tuvo claro desde pequeña. Y es que con sólo 13 años comenzó a dar los primeros pasos hacia la profesión
que nacía en su interior. Todavía sonríe cuando recuerda la felicidad de sus amigas al

recibir sus primeros diseños. Fue la base de un aprendizaje que, unido a la pasión, el esfuerzo, y el apoyo de su entorno, la llevó a hacer realidad su gran sueño: el de ser diseñadora.

Inmaculada García da un valor primordial a su equipo de trabajo. Se siento muy orgullosa de él, y se congratula por contar con un equipo de estilistas y patronistas que, según sus propias palabras, la ayudan a evolucionar en su profesión y a proyectarse hacia esa mujer que sabe lo que quiere y que busca un diseño original. Eso sí, siempre sin perder la esencia de la novia un poco clásica, elegante y sensual.

En este sentido, nuestra diseñadora afirma con convicción que sus creaciones están pensadas para “novias atrevidas y apasionadas”, a la vez que “soñadoras y románticas”. Unas novias que “aman lo femenino y sensual con un toque de distinción”. Y es que son precisamente todas estas mujeres quienes la inspiran, y quienes terminan manifestando todo lo que ella ha imaginado. “Cada una de mis novias es una partícula de mí y lo digo con naturalidad y respeto”, apunta.

Para Inmaculada García, uno de los instantes más extraordinarios de su profesión es poder contemplar a una futura novia en su atelier: “Ver cómo acaricia mis vestidos, cómo se emociona y cómo le brillan los ojos al probárselos… todo es sublime”.  

La importancia de cuidar hasta el último detalle de cada una de sus creaciones es premisa máxima para Inmaculada García: “Mis colecciones se expresan por sí mismas, los acabados y complementos están elaborados con mucho mimo hasta el último detalle, evocando lo romántico con fusión de lo moderno”. Sin duda, su marca personal.