Éste es el lema del alma de la firma, Inmaculada García. Lo tuvo claro desde pequeña. Y es que con sólo 13 años comenzó a dar los primeros pasos hacia la profesión
que nacía en su interior. Todavía sonríe cuando recuerda la felicidad de sus amigas al

recibir sus primeros dise├▒os. Fue la base de un aprendizaje que, unido a la pasi├│n, el esfuerzo, y el apoyo de su entorno, la llev├│ a hacer realidad su gran sue├▒o: el de ser dise├▒adora.

Inmaculada García da un valor primordial a su equipo de trabajo. Se siento muy orgullosa de él, y se congratula por contar con un equipo de estilistas y patronistas que, según sus propias palabras, la ayudan a evolucionar en su profesión y a proyectarse hacia esa mujer que sabe lo que quiere y que busca un diseño original. Eso sí, siempre sin perder la esencia de la novia un poco clásica, elegante y sensual.

En este sentido, nuestra diseñadora afirma con convicción que sus creaciones están pensadas para “novias atrevidas y apasionadas”, a la vez que “soñadoras y románticas”. Unas novias que “aman lo femenino y sensual con un toque de distinción”. Y es que son precisamente todas estas mujeres quienes la inspiran, y quienes terminan manifestando todo lo que ella ha imaginado. “Cada una de mis novias es una partícula de mí y lo digo con naturalidad y respeto”, apunta.

Para Inmaculada García, uno de los instantes más extraordinarios de su profesión es poder contemplar a una futura novia en su atelier: “Ver cómo acaricia mis vestidos, cómo se emociona y cómo le brillan los ojos al probárselos… todo es sublime”.  

La importancia de cuidar hasta el último detalle de cada una de sus creaciones es premisa máxima para Inmaculada García: “Mis colecciones se expresan por sí mismas, los acabados y complementos están elaborados con mucho mimo hasta el último detalle, evocando lo romántico con fusión de lo moderno”. Sin duda, su marca personal.